LOS ORIGENES DE LA FIRA DE BELLCAIRE

LOS ORIGENES DE LA FIRA DE BELLCAIRE

 

Hasta hace muy poco tiempo, ha existido una considerable confusión entre los Encants propiamente dichos y la llamada Fira de Bellcaire. Sin embargo, contra los que defienden el origen medieval de la Fira de Bellcaire, una reciente investigación del Taller de Historia del Clot-Camp de l'Arpa demuestra con claridad que dicha Fira apareció y se consolidó en los inicios del siglo XIX.

Es por ello que resulta bastante explícito un comentario del propio Gobernador de la época que apareció en el Diario de Barcelona de 24 de enero de 1816: “… es verdaderamente una feria o mercado que, introducido durante la ocupación de esta ciudad por las huestes enemigas, ha seguido después sin ninguna autoridad”. Comentario que subraya así el carácter foráneo y falto de legitimidad histórica de aquella Fira, al ser un vulgar producto de la rapiña del ejército francés invasor de 1808, el de Napoleón.

De aquel modo, desde la llegada de los franceses en 1808 y hasta 1816, la Fira de Bellcaire estaba localizada en las Ramblas de Barcelona,  extendiéndose  desde el Palacio Moja hasta al cuartel dels  Estudis, en la actualidad Canaletas. Así, después de diversas prohibiciones de las autoridades barcelonesas, en 1822, la venta de ropa vieja, y otros trastos fue trasladada al paseo de la Explanada, situado entre el Born y el convento de Sant AgustíAgustí Vell.

Finalmente, en 1835 una parte de aquella misma feria pasó a  las  hoy llamadas Voltas dels Encants, junto al carrer Consulat, traslado que propició la confusión que dura hasta hoy.

Con todo, la distinción era muy clara. La Fira de Bellcaire sólo se celebraba los domingos, mientras que los Encants disponían de tres días laborables: lunes, miércoles y viernes.  En 1881, la Fira de Bellcaire finalmente fue desplazada al paseo de la Creu Coberta, a las afueras del portal de Sant Antoni, mientras que los Encants se mantuvieron en aquellos pórticos hasta 1888, momento en que también fueron trasladados, reuniéndose así, en aquel lugar, ambos mercados, con la gran diferencia de que la Feria de Bellcaire, la componían los  llamados “traperos de carretón”, y se seguía celebrando los domingos.

 

Los hijos perdidos, Els  Encants de Gracia

Entre los muchos Encantes barceloneses desaparecidos entre las brumas de  la Historia, y recuperados en el libro Els Encants i la Fira de Bellcaire. Imatge i Història de Barcelona, está el de Gracia, cuyo eco nos ha llegado desde las páginas de La Vanguardia,  gracias a una carta de queja, aparecida en el apartado de Ecos de Sociedad, en junio de 1928.

Misiva que firmaba un tal Federico García Duch, en nombre de la Comisión de Vecinos de Gracia, personaje que un año más tarde será el jefe de la Oficina de Transportes del Sindicato de Comerciantes y Asentadores del Mercado Central. Carta que apareció bajo el llamativo título de La Feria de Bellcaire.

Aquella queja estaba motivada por una propuesta presentada ante el Ayuntamiento barcelonés, el día 19 de junio de aquel mismo año, en la cual se solicitaba que se permitiera el traslado de  “la tradicional feria del Bellcaire”, pero en su caso no la de Barcelona,  sino la que existía en la antigua villa de Gracia.

De creer al comunicante, aquel nombre no correspondía al nombre real de aquel mercado, ya que, según él, “con este pomposo y despistado título, no quiere decir otra cosa, que lo que conocemos con el vulgar nombre de Encantes de Gracia”. Encantes que se celebraban, según el comunicante, dos veces a la semana y justamente en la Plaza del Sol, “donde van a parar las camas y somieres viejos y toda clase de trastos, que ni los traperos quieren comprar, nos llena de espanto el espectáculo”.

Aquella andanada dialéctica, venía a cuento, pues la intención del Ayuntamiento pasaba por trasladar aquel mercado a la Plaza del Norte, situada en el extremo superior del barrio, y según el comunicante paso obligado para poder acceder al santuario de San José de la Montaña, lugares ambos de veraneo, y muy propios de la burguesía barcelonesa de la época, cuestión que, como es normal, desagradaba y repugnaba a la gente de “bien”.

Santuario, que inaugurado en abril de 1902, era en aquel momento uno de los monumentos principales de Gracia, con un conjunto arquitectónico formado por una iglesia y un convento de estilo  neo-romántico, con algún elemento modernista, obra de Miquel Pasqual Tintorer.

Y por tanto, proyecto que los vecinos acomodados no estaban dispuestos a aceptar, pues de llevarse a la práctica, aquel lugar de recreo para niños y familias,  “se convertiría en un foco de infección.”, “con el pretexto de tradicionalidad” y por lo mismo no era concebible que se pudiera tolerar  “tales ventas de artículos sucios, y mucho menos en lugares rodeados de viviendas”. Otra de las cuestiones que se descubre es que aquel mercado se había inaugurado en 1872, y con todas las bendiciones del propio Ayuntamiento de Gracia, en aquella época todavía independiente.

García Duch concluía su carta de 1928, pidiendo al Ayuntamiento que aquellos Encantes fueran alejados de Gracia, enviándolos a “lugares despoblados”, propuesta que se cumplió, puesto que  en el caso concreto de los de Barcelona, aquel mismo año, fueron trasladados  de forma forzosa a la Plaza de las Glorias.

 

 

Antonio Gascón – Taller  d´Historia del Clot-Camp de l´Arpa